lunes, 27 de octubre de 2014

OTOÑO ACCITANO

Siento que mis fotos no le hagan justicia. Si la gente -la mucha gente- supiera la belleza de sus formas y colores, el parentesco geológico con la Capadocia, la luz, la anchura, el benévolo cielo, que aquí está con las palmas de las manos hacia abajo... el valle de Guadix se vería siempre invadido por esos peregrinos cada vez más numerosos que van al Japón, o al Jerte, a ver los cerezos, a los bosques de Pensilvania, a los géiseres...
No sé. A lo mejor no es para tanto. Después de muchos años de cruzar por aquí, en toda estación y a distintas horas, creo que le debo al lugar un reconocimiento, todo lo público que puedo, de su hermosura. Y en otoño, más.

lunes, 20 de octubre de 2014

LA PROCESIÓN DE GRANADA

Me sorprendió con agrado el conocer que Granada sería considerada "ciudad teresiana", ya que creo que santa Teresa no llegó a fundar aquí personalmente, sino que envió a la madre Ana de Jesús. Así que me propuse asistir a la procesión que conduciría su imagen a la catedral, para inaugurar el V centenario y el jubileo.
Esas cosas -jubileos, centenarios, procesiones...- siempre me han sido extrañas, pero, dada mi antigua amistad con los escritos de la santa, me convencí (¿por qué y cómo?) de que no debía perdérmelo.
Así que me planté en el convento, cuya puerta principal estaba cerrada, aunque había una respetable cantidad de gente, músicos y estandartes de las cofradías. Me acerqué a la otra puerta, por donde vi que entraban y salían gentes engalanadas, y quise entrar a la iglesia. Un señor, amablemente, me explicó que si no formaba parte de la comitiva oficial, no podía. Me fui enfrente, a capitanía, y me entretuve en ver cómo se hacía de noche tras los tejados de san José, mientras llegaban incensantes los devotos o curiosos, sobre todo mujeres de todas las edades, que tenían cara de llamarse Teresa.
A las ocho se abrió la puerta y empezó a salir la procesión. Velas, estandartes de las cofradías, el báculo, la imagen, los músicos...
No era eso, no era eso. Apenas terminó de salir la imagen la puerta del convento se cerró y la procesión se desplazó calle san Matías abajo, como cualquier otra pero menos.
Me sentí, como siempre, forastera en Granada. Lo soy, lo soy, pero he vivido aquí las dos terceras partes de mi vida y me sorprende estar aún tan poco arraigada.
La imagen, sobre un trono prestado, supongo, con tantos oros bordados que el hábito carmelita resulta irreconocible, la pluma, el libro, el birrete de doctora y ¡una mantilla negra de encaje! A ella, que siempre se quiso libre de gala y regalo. Me fui calle abajo, con prisas de olvidarme lo antes posible y preguntándome ¿qué esperaba?
Dos días después quizá empiezo a darme cuenta. Esperaba sus palabras, pronunciadas en la iglesia del convento, por sus monjas o sus amigos, trozos de sus escritos, poemas, cartas, exhortaciones, alguna de sus canciones por lo menos, algo que la hiciera reconocible a mis ojos debajo de la pompa y la parafernalia.
Hacía mucho calor, la noche parecía de agosto. Yo me fui con una decepcionante sensación de frío, intentando, sin mucha energía, convencerme de volver a san José cuando no haya tanto ruido.

miércoles, 15 de octubre de 2014

EL VIEJO AMIGO


Me lo regaló un amigo, Luis, que ya murió hace unos años. Estábamos en su casa de Vistillas, en Granada. eran los años de la dispersión de aquella pandilla de albaicineros de variados orígenes que compartimos los primeros años de la democracia. Esta, por cierto, en seguida dejó de interesarnos. Partimos: unos a nuestras recién empezadas profesiones, otros a sus ciudades, de regreso de aventuras más o menos hippies, otros a su flamante islamismo, otros a la Alpujarra en busca del Shangri La... Yo, destinada en Salobreña aquel curso, 1979 - 80, acababa de hacer las catequesis de los neocatecumenales.
Todo era raro y nuevo. Luis me dejó contarle y desapareció en las habitaciones interiores, para volver al cabo de unos minutos con este libro, ya viejo por entonces como pude ver. Editado en 1945. Subrayado a lápiz, con fechas anotadas y, por lo visto, varios dueños sucesivos, el último nombre de un tal Honorato Rodríguez en 1968. No supe cómo le llegó el libro a Luis. A pesar de su incesante extroversión, su historia siempre me quedó bastante oscura. Se decía judío cabalista, con El Zohar como libro de cabecera por aquel tiempo. De judío a cristiana, me pareció una sucesión impecable. Acepté el libro y lo aprecié como si fuera un hilo de luz de esos que hablaba María Zambrano.
Durante nueve años lo leí todas las noches. Dios se lo pague.

martes, 14 de octubre de 2014

UNIFICANDO

Las primeras veces que vi negativos de fotografías -mi padre era fotógrafo y los retocaba con lápiz antes de revelarlos en papel- me llamó muchísimo la atención que no se parecieran en nada a las personas que acababan saliendo en las fotos.
Luego me extrañó, aunque menos, lo poco que se parece el dentro y el fuera de la gente. De mucha gente. Vaya, de mí.
Y lo bonitas que son las geodas por dentro y lo feas por fuera. O viceversa, que sobre gustos... hay demasiado escrito.
Para aceptar la convivencia inevitable de la luz con la sombra nada como el ajedrez. O la fotografía. O la paradoja. O el examen de conciencia. O estos pedacitos -qué más da, todo el mundo lo conoce- del poema de Santa Teresa.

Veisme aquí, mi dulce amor .
amor dulce veisme aquí. 
 ¿Qué mandáis hacer de mí?
 Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz cumplida,
flaqueza o fuerza crecida,
que a todo digo que sí.

lunes, 13 de octubre de 2014

LA ALCAIDESA DE PASTRANA


DOÑA BEATRIZ

(Viniendo a primer término, a su voz se descompone el grupo)

¡Madre, venga! Esta es su silla.

TERESA DE JESÚS

No, yo en mis plantas, señora,
y ella aquí, que es la priora,
mas yo una pobre monjilla.


Mi padre me dejó, a mis seis o siete años, esta obra de Eduardo Marquina. Estaba en un libro de encuadernación casera, de páginas tiesas y quebradizas, con tapas rojas de cartón y lomo de una tela rugosa y gris. Tenía el título pegado en una etiqueta blanca que debía haber sido recortada de una de las primeras páginas interiores.
Olía a telarañas y a hiposulfito de sosa.
Yo nunca había leído teatro, ni otra cosa supongo, salvo las lecturas escolares y una versión infantil del Infierno de Dante. (Virgilio y Santa Teresa, en mis inicios como lectora. Gentes que bajaron al infierno y volvieron. Guías).
Me fascinaron las acotaciones, el "vase", el "mutis", el "foro", y el extraño lenguaje que le dice "ella" en vez de "tú".
Leía de pie, paseando e impaciente porque apareciera la protagonista, que tarda un poco. No entendí el lío del secretario del rey y los afanes de la princesa de Éboli, solo que eran los malos y no me gustaban.
Quien me gustaba era santa Teresa, porque Dios la levantaba del suelo cada vez que se le ocurría, la vio mucha gente y esto era verdad, no como don Quijote, que era inventado y a pesar de ello ni volaba ni nada.

domingo, 12 de octubre de 2014

ANDANDO ALGUNAS VECES BARRIENDO


Los colores de otoño transparentan el hueso de los árboles. Tentación de verlo de la misma forma en que los desastres sociales, políticos y demás que nos rodean estos días, también transparentan el hueso de las trampas que nos pretenden encandilar. Con una magnífica lluvia releo la Vida de Santa Teresa, y encuentro allí los trazos que invitan a aquella libertad del alma que, vista desde fuera, es casi un burka. Con la básica diferencia de que el marido es Otro y la esposa, por más que lo parezca, no está cautiva ni despojada de más derechos que los que ella misma se quita. Así recuerda su estado de ánimo en sus primeros días de monja:
"...andando algunas veces barriendo en horas que yo solía ocupar en mi regalo y gala, y acordándoseme que estaba libre de aquello, me daba un nuevo gozo que yo me espantaba y no podía entender por donde venía..."

"Cuando desto me acuerdo, no hay cosa que delante se me pusiese, por grave que fuese, que dudase de acometerla..."

Noto que dar cuerda pública a estos pensamientos y garantizar su certeza y buen funcionamiento, en el caso improbable de un seguimiento masivo, sería ruinoso para los miles de comercios que viven de la gala y el regalo.
Y qué.


sábado, 11 de octubre de 2014

ESTRECHURA RETOCADA

Tuve que dar mis datos en un albergue, hará dos meses o así. Me preguntan en qué trabajo. Me callo. Me siento pillada. No lo sé. Incapaz de decir "en nada" porque me parece feo, me parece injusto y además no es verdad ni me lo creo. Digo mi respuesta de costumbre, incapaz de aclararme en otra nueva y acuciada por el tamborileo del boli en la mano nerviosa del voluntario: "soy maestra", y me siento mal, porque ya no soy maestra, aunque tampoco me siento embustera. Es una incomodidad de esas que decía santa Teresa de cuando te dispones a dar un salto y justo cuando empiezas te sujetan por detrás. 
He necesitado medio año para darme cuenta. Soy ama de casa. 
En la prehistoria digital hubiera empleado mis ratos libres en, además de leer, hacer croché o punto de cruz. Ahora me entretengo en retocar antiguos dibujos de la escuela, que tuve la previsión de guardar escaneados, al menos los esbozos. En el proceso creo que deben funcionar los mismos mecanismos por los que mi abuela colmó de tapetitos y cojines su casa y la nuestra; mi tía nos proveyó de elegantes rebecas y colchas de hilo y mi madre de numerosos jerseys más o menos apreciados.
Así que tomo el dibujo de Helena de Troya y lo reconvierto en santa Teresa, viendo en esta el remedio que la otra no tuvo, porque sus estrechuras, pasiones aparte, se parecen mucho.
"...Púsome delante si había sido mal hecho lo que había hecho (fundar San José), si iba contra obediencia en haberlo procurado sin que me lo mandase el provincial... y que si habían de tener contento las que estaban en tanta estrechura..."
Santa Teresa de Jesús, "Vida"

viernes, 10 de octubre de 2014

ENJAULADA HELENA

Entre la culpa, la pasión y la compasión. Incesante, el mar de Troya le arrastra el recuerdo arrumbado de una improbable, cara y destrozada libertad. Ya le da igual irse o quedarse.

viernes, 3 de octubre de 2014

BREL

Hoy es Brel quien ha vuelto. No me esfuerzo mucho en entenderlo. Sigo retocando a San Pedro mientras escucho la historia del vieux colonnel qui s'appelle Zangra.
San Pedro "debería" estar mirando al samaritano arrodillado al que le está imponiendo las manos, el Espíritu. Pero se ve reconcentrado, pensando a la vez en otra cosa. Quizá en Simón el Mago, que anda cerca, viendo el negocio, más que dispuesto a comprar el don imposible. Y san Pedro, que no, se abisma en la melancolía de ver un futuro lleno de otros muchos que sí. Et l'ennemi est lá.

jueves, 2 de octubre de 2014

SAN PEDRO


Tengo que dibujar un san Pedro que se parezca a este:

























Y yo lo veo un poco así. Tal vez cuando acabe pintado en una tabla y no sólo dibujado se le parezca más:




Me carcome la duda.