jueves, 10 de abril de 2014

CONFESIONARIO

Decía mi padre -y no era machista en absoluto- que las mujeres no podíamos ser curas porque no éramos capaces de guardar las confesiones en secreto.
Luego eso no lo han dicho ni los más retrógrados. Pero a mí el argumento me convenció de que él estaba convencido y me retó a demostrar que sí éramos capaces.
¿A demostrar? Imposible. Las demostraciones requieren espectadores. Sólo yo podría ser testigo de tal cosa, y nunca se hizo un deporte para un público cero.
La imposibilidad genera deseos de venganza. Planeé escribir un libro titulado "Confesionario" donde daría cuenta de los más terribles secretos, conocidos e inventados, destripando enemigos como el Dante.
El contenido incluiría personas conocidas, famosas o inventadas.
Como alguna compañera del colegio que me hizo la vida imposible en mis primeras incursiones al mundo real, o sea, fuera de la familia. Descripción objetiva y zás. El caldo corrupto en que se cocinaba su alma, tan negra como la mía, lo sé.
Los adultos hipócritas que nos regañaban a escondidas.
Los chicos que hablaban de nosotras como si de ganado se tratara.
Las chicas que hablaban de las otras como si de ganado se tratara.
Los profesores amargados que nos cargaba de tareas para compensar lo mucho que les había costado llegar a donde estaban.
La diva superestar que no podía dejar pasar una ocasión sin refulgir sobre nuestra ordinariez.
...
Me fui dando cuenta de que para escribir un libro así me faltaban el valor y el talento. Y sobre todo, mantener el interés. Volver a sufrir a los insufribles, por gusto, en un montón de páginas. Ni hablar.
Luego me conocí un poco más y vi que todos estábamos hechos de lo mismo.
Así que lo dejé, definitivamente.

miércoles, 9 de abril de 2014

OJO ADENTRO Y OJO AFUERA







Si miras fijamente algunas caras
-sobre todo, la tuya, en el espejo, en fotos-
y te asomas al ojo que mira para dentro
encuentras las eternas preguntas sin respuesta
qué somos, dónde vamos, qué es la luz, que es la vida,
el ser, la nada, isla o continente,
Platón, las Musas, el ornitorrinco,
los mágicos cuadrados de los números,
la escalera del alma que se pierde,
sótano abajo, siempre en el misterio.

El otro en cambio siempre te rebota,
te regaña, te apremia, cómo estás todavía
pensando en musarañas,
la casa sin limpiar y no has comprado,
déjate de fantasmas,
corre, corre y trabaja y busca cosas
con las que puedas hacer algo.

Y están los dos ahí, en tu misma cara,
quizá Caín y Abel, siempre en diatriba,
y son ellos las únicas ventanas
por las que te entra el mundo.