martes, 30 de abril de 2013

30 DE ABRIL


Entro a la biblioteca. Miro por la ventana y el día frío y gris me reconforta, me defiende de las posibles telarañas sentimentales que me pudieran atacar al escribir la fecha, con tiza, en la pizarra. 30 de abril de 2013. No habrá otra fecha de tiza en otro abril  O sí. Con esta crisis lunera, quién sabe. Adiós, abril, amado, hermoso abril. Quién sabe.

viernes, 26 de abril de 2013

VINO, PRIMERO, PURA



Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.

Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.

Y la fui odiando sin saberlo.

Llegó a ser una reina
fastuosa de tesoros.

¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!

... ... ...

J.R.J

...y hasta ahí puedo leer...

domingo, 7 de abril de 2013

UNA TARDE DE ESTAS


Echo a andar la preciosa tarde de abril "entre nublado y nublado", oliendo las hierbas mojadas, que huelen a setas, aunque no es tiempo, viendo el brillo de las gotitas en las hojas de las plantas, sintiendo el aire fresco, quizá más fresco de la cuenta.
Voy a cerrarme la cazadora y me quedo con el tirador de la cremallera en la mano. Bueno. Andando más rápido se quita el frío. Paso los puentes río arriba y llego hasta una pasarela de madera recién hecha, que no había visto antes. Es muy bonita, parece de cuento y huele a pino y a serrín.
Me subo en ella, me enciendo un cigarrillo y miro cómo cuela el río por debajo. Qué paz, qué hermosura, etc. Parece que me ha caído una gotita. Naaa... Coño, otra, esta sí es gorda.
Emprendo el camino de vuelta, cada vez es más difícil fumar con el cigarrillo medio mojado. Pero apenas acaba de pensarlo y ¡lo que pasa es que diluvia! Literalmente diluvia.
Ni un árbol lo bastante frondoso todavía, ni una casetilla, ni un hueco, ni ná. El puente de la autovía, hacia el que me apresuro, está más lejos de lo que parece.
Me adelantan ciclistas, gente corriendo con impermeables, perros chorreando agua, otros caminantes más veloces que yo. Cuando llego al puente voy como una sopa. El agua me escurre por el flequillo como si me estuviera duchando. Mis pantalones y mi camiseta por delante son puros trapos empapados. La cazadora chorrea por los hombros y ya me llega la humedad a la espalda. Lo único que me queda seco son los pies. Benditos zapatones.
"Ha habío que volverse, ¿eh?" me dice uno de los refugiados bajo el puente. Le digo que sí y como no sé qué más decirle me doy la vuelta y miro a contraluz la cortina de lluvia con la esperanza de que se debilite un poco. Entre la compañía de desconocidos y la soledad mojada elijo esta y vuelvo a la lluvia.
Estoy a media hora de mi casa, por lo menos. Me entretengo en pensar la comida de mañana y en hacerme la ilusión de que un día de estos volveré a escribir.