miércoles, 24 de octubre de 2012

Suiza, compra, va.

Amanece en Barcelona y Jordi baila incansable,
feliz, experto, incurable, porque no hay una bandera
que parezca la señera, sino la cruz blanca y roja
en escuelas, hospitales, en los centros oficiales,
en los bares y juzgados, en los bancos y mercados.
Todo escrito en alemán, ya no queda catalán
ni el de para andar por casa. Nadie sabe lo que pasa
pero, de pronto, son ricos. Se terminaron las deudas,
nuevas empresas se abren, créditos interminables
abundan en las carteras. Se compran las casas nuevas,
todo el mundo estrena coche, brilla en festejos la noche
que se retira asombrada. Porque llegó, como un hada,
Suiza y compró Cataluña. Con los fondos financieros
que guardaban los banqueros, en sus cavernas secretas.
Ya no hay crisis, ya no hay nada, que nos impida gozar
de prontas jubilaciones, de estupendas vacaciones,
de proyectos fabulosos, de magníficos derroches,
de champán y rock an roll.
Deberían enfadarse, pero les hace ilusión
ser suizos y no españoles, a los suizos tener playa
y a los demás .... ¡estar solos!
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viernes, 12 de octubre de 2012

INTERIORES

De las muchas estancias que tiene el alma por dentro, según santa Teresa, hay una por la que se pasa inevitablemente, en general algo después de ver la vida lograda, o malograda, según el caso, pero eso da igual. 
Olvidada la exigua libertad que tan cara nos cobra el mundo -ya que, por ser mentira, siempre es cara-, reconocido el enemigo, tan cercano, que un día de estos ni tregua ni centímetro nos deja,
apagado el sonido vocinglero del que quizá una vez formamos parte,
cerradas todas las pantallas,
piel adentro encontramos esta estancia.
Un paisaje interior que tuvo agua.
Hoy su agua es la luz entre las sombras.
Donde sólo el eterno Nombre suena
trayendo el corazón a su remanso.

miércoles, 3 de octubre de 2012

CONTRA EL OLVIDO

Un buen día de hace casi un siglo Antonio Reche Fajardo fue al estudio fotográfico (de El Forit, probablemente) a ver cómo le iba a su hijo Antonio en el aprendizaje. El fotógrafo le hizo sentarse con su hijo pequeño, Venancio, sobre las rodillas y Antonio de pie, a su lado. Ahí nos miran los tres, serios y atentos a las indicaciones, desde la vieja fotografía, que me apresuro a rescatar antes que el tiempo la devore.