jueves, 31 de mayo de 2012

DORIAN GRAY









































Me gusta que los cristianos escriban, por ejemplo, "El retrato de Dorian Gray", más que un libro de espiritualidad. Quizá Wilde aún no era oficialmente cristiano cuando lo escribió. Pero ese libro vale por todo un catecumenado. El intento, aquí tan logrado, de legar al mundo belleza redime, creo, y ante Dios quizá más todavía.
Supongo que el Altísimo se goza en las innumerables diferencias y disidencias de sus criaturas. Vamos es lo que yo haría.
El Dorian Gray es una obra de arte digna de ser releída y recordada mientras el mundo sea mundo. Ahora, por ejemplo, un siglo después, resulta más actual que cuando se escribió, tiempos en que la combinación entre conciencia y esnobismo era posibilidad de pocos. Hoy muchos de nosotros podríamos temer el azaroso encuentro con nuestro reflejo. Y tenerlo controlado no sería un consuelo.

He aquí un magnífico artículo sobre este libro. http://www.elpuercoespin.com.ar/2011/08/20/literatura-y-vida-oscar-wilde-era-el-retrato-de-dorian-gray-por-alex-ross/

miércoles, 30 de mayo de 2012

EL JUGLAR DE LOS ZOCOS




































Alá te la depare buena, zorrita de mi corazón”. Eso se decía en un cuento marroquí de un tal J. Bentata. Ella no volvió a ver aquel libro jamás en ninguna parte. Lo leyó cuando recién había aprendido a leer y recuerda frases enteras, aunque muchas de ellas se han quedado sin contexto.

Era un libro de encuadernación casera, reconstruida, quizá por haberse estropeado la cubierta original, o por darle mayor consistencia. Su tamaño, menor que una cuartilla, las hojas bastas y amarillentas. Aspecto de libro muy disfrutado y querido. Tenía dibujos en blanco y negro de moros gordos y relucientes. Allí aprendió lo que eran unas parihuelas, en el cuento de un gandul que se hacía enterrar porque “mejor se está tendido que sentado; mejor muerto que acostado”.

Y el axioma de los paranoicos, que tantas veces después le bautizó situaciones: El califa compartía un secreto terrible con su barbero, por el que se comprometió a respetarlo. Estaba en sus manos, pero, aprovechando que “Señor, se ha caído la torre de la mezquita”, “Que cuelguen al barbero”. 

Abentofail, llevando su asado al horno, y Zohra haciendo aspavientos. Fatah, que corría como las gacelas y perdió la babucha. Y otro tipo, cuya barba encaneció, espantada de la proximidad de aquella boca, en cambio el pelo de la cabeza siguió negro, pues no había cerca ideas algunas.

Los moros de aquellos cuentos le resultaban gentes plácidas, disfrutadoras y bendicientes. Ahora le gustaría volver a leerlos, para darse un paseo por su memoria infantil, que a saber los tesoros que todavía contiene.

martes, 22 de mayo de 2012

Calle Parras. Nocturno




El horario nos tiene acostumbrados
al bullicio incesante, a los colores
geométricos y extremos de las claras mañanas;
al ruido de los coches, los timbrazos, las quejas
transeúntes del día; cigarrillos furtivos
se queman en volutas desatentas.
Gentes que van y vienen a lo suyo
pasan apresuradas arrastrando carritos
de la compra, el furgón del panadero,
alguna bicicleta, viejos al sol, la mula del vecino...

Cuando todo se para
y en silencio la noche
reúne a los indómitos colores
en sus brumas violeta,
en la calle vacía
se encuentran los aromas, surgidos tras las tapias,
de los celindos, lilas, jazmines, limoneros,
madreselvas y rosas.

Pasean, enlazados y en desorden,
con un baile invisible de gozosas fragancias,
visitan los rincones, los portales oscuros,
se cuelgan de las rejas, se deslizan
entre las escaleras de la escuela,
mandan callar a un perro, dulcifican
los ojos del supuesto caminante,
vuelan, se arrastran, corren, se detienen,
increpan a la luna, que nunca los sospecha,
limpian los malos rastros de los diversos humos,
susurran en silencios de violines,
y nos dejan la calle
serena y perfumada,
con las ondas del sueño,
acariciada para el día siguiente.

Ogíjares, mayo 2012

AUTOBÚS URBANO


Él es grande y corpulento, sin afeitar, una camiseta negra le resalta la redondez de la barriga. Ella, algo más menuda , también viste de negro y luce un ceño hostil de armas cargadas. El niño, aburrido, grita hasta que le riñen, luego habla solo a voces sin decir nada y por fin se dirige al hombre:
-Papá ¿es verdad que te has comprado una moto?
Su padre se calla mirando alrededor, como si no lo oyera. Su madre explica bien alto.
-Sí hijo. Tu padre se ha comprado otra moto con el dinero de arreglar el coche. (Pausa. Fuerte resoplido. Ironía envenenada) Ya tenemos en qué irnos.
El hombre sigue callado, como si no estuviera. Llega el autobús.
-Papá, ¿no subes?
-No, tu padre no sube. Tu padre se va en la moto.
Y efectivamente.

sábado, 19 de mayo de 2012

VIDAS PARTIDAS




Tienen cinco, diez años.
Se conoce
que nadie les espera a la salida.
Se quedan a comer, la llave al cuello,
el último capricho en la mochila.
La rabia de enredar porque los miren,
por gusto, porque sí, porque para eso
sus padres no están juntos.
Ellos, niños también, no soportaron
ni un día más el peso de la vida
de la tonta promesa, un día lejano,
de la rutina infame que por cada “esto es” los va privando
de los muchos “pudiera” que flotan como globos
en el aire traidor de abril y mayo.
“¿Por qué no?” “Todavía” “Todo el mundo”
Antes que sea que no, definitivo.
Y los niños, ah bueno, se acostumbran
a vivir con cada uno cada tiempo,
se les compran más cosas, no se aburren,
tienen dos cuartos, dos televisiones,
dos coches con dos padres y dos madres.
Dos dedos de amargura
y la vida partida
en dos, ya para siempre.

Granada, mayo 2012

DE POBREZAS Y OTRAS DICHAS


Me niego, en estos azarosos tiempos, a ser la policía de las bolsas de otros.
Lo que más me malhumora no son las "medidas" que se están tomando a mi costa y a la de tantos como yo. Es el husmear constante en sus engaños, sus estafas, sus robos, sus picarescas de listillos que se han "colocado en la política" de cualquier signo y color. El "y tú más".
No me he de ver con los indignados, ni con los sindicatos, ni con los gobiernos, ni con los bancos, ni con los chistes fáciles, demasiado fáciles, desde el despecho.  No quiero sentarme en el banco de los burlones cuyo premio de consolación es la injuria y el sarcasmo (valores en alza, por cierto, en estos pagos)
No es indiferencia, ni una huida hacia dentro, es puro negocio con mi propia existencia y la vuestra. Porque si yo estoy bien (así y peor) la sociedad mejora en una célula, en un átomo. De modo que váyase vuesa merced a entender con su hurón manso y su perdigón atrevido ... y déjeme a mí los asuntos de la andante caballería.
Porque no es contra la carne ni la sangre, sino contra el espíritu del mal...
De modo que pagaré mis impuestos, cobraré menos, me quedaré de vacaciones en casa, (lo que quizá me permita escribir otra novela), compartiré lo que pueda con los que tengo más cerca y trataré de disfrutar del tiempo de mi vida.
El tiempo, los días, los meses... Porque no tengo otra cosa. Y ni siquiera es mío.
Tantas veces he visto que la felicidad, como el nacer, es gratis.
Lo demás es circunstancial.
Los concienciados se entregan a la circunstancia.
Yo no.
Me prohibo envenenarme. Como muchos otros que no dan voces por ninguna parte.
Miradlos bien. Están ahí, sujetando el mundo con ánimo esforzado.

viernes, 18 de mayo de 2012

EL CORTE INGLÉS




Teodora entró en una tienda para comprarse unos vaqueros. Fue a la sección de señoras y todo lo que vio le pareció raro, lleno de bordados y tachuelas. No los tocó. Fue a la sección de caballeros.

Pronto acudió un dependiente que la dirigió de nuevo a la sección de señoras. Teodora volvió allí dócilmente y se probó unos cuantos. Le gustaron aún menos que en las estanterías.

Regresó a la sección de caballeros y, cuando no estaba el dependiente solícito, cogió unos pantalones y se los llevó al probador de señoras. No se los compró, en realidad ni siquiera había buscado su talla, fue una necesidad para compensar no sabía qué.

Salió y los abandonó sobre uno de los expositores. De la sección de señoras. Y se creía que no era vengativa.

miércoles, 16 de mayo de 2012

EL SUEÑO DE UN CRISTIANO


Rumores avisan que 
nos recortan otra vez.
Es el sueño de un cristiano:
ofensas que perdonar,
pobreza que compartir,
enemigos para amar.
Pero quedar como un tonto
es difícil de tragar.
Como todo lo demás.



martes, 15 de mayo de 2012

LECTURAS DE ADOLESCENCIA


 
Recuerda el libro, forrado de papel blanco y manchado del aceite de algún apresurado y desatendido bocadillo de atún. “Pensamientos”, de Pascal. Un librito de la colección Austral, de cubierta verde y blanca. No sabe porqué lo forró, qué voluntad de ocultar, no sabe a quién, su propia duda.

Tendría trece o catorce años y ya no rezaba el credo en misa. Pero eso de la “caña pensante” la había dejado en suspenso y ansiosa de saber qué había descubierto aquel muchacho remoto, triste y francés, al que se imaginaba como ella, prisionero en este mundo y lleno de ganas de encontrar la puerta de salida. O por lo menos, una ventana al universo.

Apenas se acuerda de nada de lo leído allí, sólo una cierta decepción que le aumentó el deseo de seguir buscando. El libro tiene aspecto de haber sido leído a hurtadillas, ocultado con prisa cuando alguien se acercara, tapado en los tediosos estudios, bajo algún diccionario, de la atención distraída de la monja vigilante, que se paseaba arriba y abajo y a la que en el fondo sólo le importaba que no hubiera ruido ni movimiento.

Muchos años después no consigue averiguar la causa de tanta clandestinidad por algo tan inocente. Pero nació culpable y cualquier cosa servía para ovillarse en la sombra y cubrirse de sigilo. Y siempre le pareció más necesitada de pudor el alma que el cuerpo.

lunes, 14 de mayo de 2012

TERCERO DE PRIMARIA



 
Examen de matemáticas.

-Maestra.
-Qué.
-¿Es verdad que cuando nos morimos y vamos al cielo volvemos a ser pequeños?
-Yo qué sé. Mira lo que estás haciendo, que te vas a equivocar.
-Pero ¿es verdad?
-Joooooose.......

Efectivamente, se equivoca y mucho. La maestra le pone un dos moviendo la cabeza con lástima. Devolver mal por bien no le gusta, le molesta la contradicción.

Pero la pobre sigue presa de cierta norma profesional. Más tarde no puede evitar el pensamiento de un cielo lleno de bebés llorando y gorjeando en sus túnicas de colores suaves.

domingo, 13 de mayo de 2012

REMOTAS PIEDRAS


En la geometría de blancos que construían el patio interior, Sara siguió moliendo trigo, y después garbanzos, y una buena medida de avena, y al final semillas de cáñamo. El rascar de las piedras contra el grano le producía una especie de hipnosis.

Al rato no sentía los brazos, que ya se movían solos hasta en sueños. Sentía el sudor correrle por el cuello, por detrás de las orejas y por el centro del pecho. Una especie de dolor elástico le balanceaba los riñones en cada vaivén. La sombra de la higuera ya hacía rato que no la protegía. El Qohelet estaba a punto de llegar.

Se levantó del suelo y estiró su espalda entumecida. Recogió las vasijas y arrinconó las piedras de moler. Entró en la casa pensando si decirle a él que había visto un molino diferente en casa de Maqeda. Mucho más rápido y menos trabajoso.

Tendría tiempo de sentarse a la sombra de la higuera. A tejer durante buena parte de la mañana. Escucharía los escasos pájaros lejanos, y el chirrido continuo de las cigarras al acercarse el mediodía sin el incesante rascar del rodillo. Sentiría los brazos descansados y el alma contenta. O no.

Sara tenía un humor inestable que la sorprendía incluso a ella misma. Cuando más cansada estaba más dichosa se sentía. Aunque ponía un gesto enfurruñado para conseguir que nadie le hablara. Pero es que siempre estaba cansada.

Menos el sabbat, en que no se hacía nada en absoluto. Entonces constataba la pobreza de su casa, el raquitismo de sus cuatro plantas, la necesidad de encalar los bajos del patio, de remendar mantos y camisas, de tapar grietas en el techo...y maldecía el sabbat, porque al día siguiente las rutinas imperiosas no la iban a dejar acordarse de nada. Se dirigió a la cocina y lo vio entrar, contento, impasible y tranquilo. 

sábado, 12 de mayo de 2012

SUEÑO DE VERANO



Soñó que iba con una amiga por la calle que baja del Cristo de la Yedra al Hospital Real. 

En la placeta de san Isidro entran en una pastelería.

Dos chicas descuidadas y despeinadas les “sirven” sobre un trozo de papel pequeñas cortezas de hojaldre, sin plato y sin servilleta. Son como migajas que quedan de pasteles ausentes.

Ella y su amiga se las comen y las celebran con mucho respeto y educación, porque la pastelería es de no se sabe qué programa de reinserción de la mujer, llevado por la Junta, o el Ayuntamiento, o algo así.

Cuando salen se sienten muy disgustadas de tanto mentir y ser amables.

viernes, 11 de mayo de 2012

CONTEMPLACIÓN DE LA ESCALERA



Un punto queda determinado por dos líneas que se cruzan.

Ella había soñado, hacía veinticinco años, con una hermosa escalera por la que subía llena de ánimo y velocidad. Y la escalera terminaba en un techo. Devastador, tanto el techo como el fin de la escalera. Mucho tiempo los creyó la misma cosa.

Veinticinco años después soñó con otra escalera que bajaba. Sus peldaños se iban estrechando cada vez más, hasta que llegaron a ser como los hierros de una reja adosada a la pared por detrás de ella. Tenía que tantear la pared con los tacones para no caerse. Y seguía bajando.

Ninguno de los dos sueños tuvo final. Fueron interrumpidos por el despertar sin llegar a ninguna parte. Aparentemente. El primer sueño transcurría en blancos y colores claros, movimiento y ligereza. Fluidez para llegar a la angustia. El segundo en oscuros y negros, lleno de tanteos y vacilaciones, inmerso en otra angustia, menos devastadora por más previsible.

El error fue buscarles un final. El final no parece más que una necesidad de la mente, no un destino. La escalera en los sueños no es transitable para el soñante. En la más famosa de todas, la de Jacob, unos ángeles subían y bajaban por ella. Jacob sólo la estaba mirando. No se vio a sí mismo transitándola. Ni se le ocurrió.

Percibió inmediatamente que estaba en lugar sagrado. Las escaleras son de Dios. Los templos tienen escaleras que no son para la gente. Soñar escaleras quizá es una gracia, un don, y no algún mapa de utilidades dudosas para recorrer la vida o cualquiera de sus etapas.

La primera, en realidad, no terminaba en un techo. Alguien lo había puesto ahí para no dejarla llegar arriba. De la misma manera, el despertar impidió a Teodora bajar del todo. Techo y despertar eran las puntas del arco iris, que nunca se ven.

Eran la limitación del segmento accesible a su razón. Si no se hubiera precipitado a recorrer la escalera, tal vez habría podido contemplar a los ángeles. Jacob fue más listo y adoró la maravilla sin moverse de su almohada.

jueves, 10 de mayo de 2012

OLVIDOS CIENTÍFICOS DE POCA MONTA



Si empezamos un paquete de arroz, de fideos, de lentejas, etc., observamos cómo se resiste el envoltorio defendiéndose de una rotura civilizada. Total, una bolsita de papel. No vale la pena buscar tijeras que Dios sabe dónde andarán.  Le damos vueltas al paquete tirándole pellizquitos prudentes. No puede ser.

Finalmente, con las manos resbaladizas, entumecidas de tanto tirar y apremiadas porque el agua ya hierve y tal, conseguimos una estruendosa raja de arriba abajo por donde salen los granos de arroz directamente al suelo y a todas partes, por más que toda la operación se lleve a cabo encima del poyo de la cocina.

Supongo que científicos de todo el mundo se habrán reunido cientos de veces para tratar el problema. Razones de peso se lo deben impedir, tales como que otro tipo de papel estropearía el contenido, o que un envase de cristal encarecería el producto.

Pero, cuando me pasa, pienso que los malditos científicos de las empresas de alimentación jamás en su vida se han cocinado un maldito puñado de arroz.

sábado, 5 de mayo de 2012

“LA MALA EDUCACIÓN”



Los tres veían la película de Almodóvar.

-Por mi culpa. Dijo el cura.
-Por tu culpa. Dijo el otro.
-Por mi culpa.
-Por tu culpa.
-Por mi gran culpa.
-Por tu grandísima culpa.

Y cada uno veía otra cosa.

jueves, 3 de mayo de 2012

SESIÓN DE OUIJA


















A la habitación se llegaba por una escalera estrecha y oscura, después de recorrer calles tortuosas por el barrio árabe. Guadalupe llevaba una falda larga de muchos colores, un chaleco de seda bordada y el pelo largo en dos trenzas. Era la viva imagen de una agencia mexicana de turismo.

Cuando llegaron las cuatro siguió pintando en silencio, por darse el gusto de que la vieran bien. Copiaba escrupulosamente una tabla flamenca con pinceles de minúscula escobilla. Una escena invernal y festiva, abarrotada de personajes con calzones rojos y medias chillonas.

Sacó de alguna parte remota su amabilidad y cortesía para recibirlas. No vienes sola. Le dijo a Laila, y no parecía una pregunta. Vieron otros dibujos más creativos, gente sacada de manchas casuales, una especie de acróbatas en tintas verdes.

Se sentaron alrededor de la mesa camilla y Guadalupe sacó la ouija. Explicó en breve cómo funcionaba aquello y pronto empezaron las ingenuas preguntas.

-¿De qué me voy a morir?
-D E L E U C E M I A
-¿Cuándo?
-N O A H O R A
-¿Soy hija de mi padre?
-...
-¿Me casaré?
-...
-¿Cuántos hijos tendré?
-...

Y así un emocionante rato, nutrido de absoluta credulidad por parte de la mayoría de ellas.

Sudores fríos empezaban a deslizarse por las frentes cuando una franca risotada introdujo la duda saludable.

-Estáis empujando el vaso.
-Bien.

Guadalupe se hartó y se le volvió a escapar la cortesía por la ventana. Ni los pintorescos insultos, tacos y groserías que soltaba cuando estaba a sus anchas le salían. Urgida por despedirlas cayó en una mudez absoluta. Pronto se dieron por enteradas las otras dos y se largaron.

Guadalupe retuvo a Laila. Tenías que haber venido sola, susurró casi enfadada. No contestó. Se sintió herida por el desprecio colateral, que parecía haber terminado. Ahora el silencio fue de ella.



                      


                      

miércoles, 2 de mayo de 2012

LAS MONJAS DE PORT ROYAL


Nicolás miraba la postal de las monjas de Port Royal. Era una sala capitular muy amplia, con enormes ventanales de vidrieras. En las paredes, cuadros piadosos. Alrededor de la sala se alineaban los sitiales, todos ocupados. Al frente, como un tribunal, se sentaba la abadesa en compañía de otras monjas. Las de menor rango no se sientan en sitiales sino en el escalón que hay a sus pies. Delante de todas, de rodillas en el suelo, otras dos monjas con las cabezas inclinadas.

Para poder ver a tanta gente en una postal hay que descifrar las figuras, que son muy pequeñas y no se les ve ninguna expresión ni rasgos personales. Todas las monjas son iguales. Nicolás les ha inventado rangos, supone a las más ancianas próximas al tribunal, las jóvenes alejadas.

-La compró en París. En un puesto callejero de la legendaria rive gauche.
-Y la enmarcó en Granada, junto con otra parecida, pero que representaba el comedor.
-El refectorio.
-Comer y confesar culpas.
-Justicia y hostelería.
-Parece un programa vital.
-Casi profético.

Celebran el capítulo. Acusación de culpas. De dos en dos, para entorpecer el sutil protagonismo del reo, solo y romántico enfrentado al poder, siempre sospechoso. 


No sabe Nicolás de qué se acusan, de qué las acusan, qué minuciosa criba del alma las lleva a postrarse. Entre las espectadoras, algunas parecen tejer trapos negros. Otras dos se vuelven parsimoniosas a sus lugares, después de haber estado de rodillas ellas también. 


Al darse cuenta respira aliviado. Debe ser una costumbre a la que ni ellas parecen dar mucha importancia.



MATEMÁTICAS INEXACTAS




La geometría es hermosa, pero falsa. En la naturaleza no está. Ni los cristales de nieve tienen simetrías perfectas. La tierra no es totalmente esférica. Los cubos de pirita tienen alguna esquina irregular.

Y ese cuento de que los números son infinitos. Nadie va a contarlos, y ningún número existe hasta que es contado. Sólo la posibilidad es infinita. Y tampoco existe.

-¿Qué es lo que más os gusta de la Alhambra?
-¡Las pirañas que comen galletas!

Respuesta coral. La maestra vuelve a su mesa y, tras meditarlo seriamente, decide guardar silencio.

Las Coras guardan estas cosas en su despliegue infinito y desordenado, junto con el canturreo indescifrable de los grifos abiertos y los soplos del aire por las rendijas.

Las Coras se ríen del número p.

Un corazón sensato. Eso intentaba alcanzar el héroe del otro Ulises contando minuciosamente años y cotejando fechas.

martes, 1 de mayo de 2012

EQUÍVOCOS CÁLCULOS


 Cordelia se hizo maestra. Como estuvo varios años intentando estudiar otras cosas anteriormente... veintisiete años. Mientras consiguió el destino próximo a su ciudad pasó tiempo. Cuarenta y cuatro. Se compró un piso y, cuando terminó de pagarlo, cincuenta y dos.

Tuvo que cambiar de coche y esta vez quiso uno bien bueno. Cincuenta y seis. Entonces se dio el capricho de su vida; comprarse una caravana para recorrer el mundo sin preocuparse del hospedaje.

-Yo la conocí cuando ella andaba por los cincuenta. Era rápida, inteligente, ácida y malhumorada, resentida y picajosa, desengañada de todo el género humano a partir de los diez años.
-Te metió en algunos líos.
-Sucia política particular.
-Te buscó enemigos.
-Todavía los tengo.

Pero el tiempo le había otorgado prendas jamás solicitadas: manías, listas infinitas de intolerables, impaciencias, fermentos y sarmientos de la soledad cultivada.

No soportaba a nadie ni nadie la soportaba a ella, ni soportaba viajar sola, como pudo comprobar después de la breve luna de miel con su caravana, que se está cayendo a cachos en un parking cementerio. 

PARKOUR