miércoles, 18 de abril de 2012

SIGLO MENOS UNO O DOS


QOHELET 

El Qohelet levantó la cabeza. Más allá del círculo brillante de su lámpara se extendían todas las estrellas. “Por esos luminosos agujeros es mirado el mundo” ¿Por quiénes? Dioses, tronos, dominaciones, querubines, genios... A unos pocos centenares de kilómetros un griego miraba lo mismo y veía bolitas lejanas.
   
-La sangre de la luz.
-No se come.
-Pero nos habita.
-(Estas pobres bestias que sueñan)



El Qohelet se frotó la barba. Casi atrapa una Cora pero la muy astuta se disolvió en el razonamiento cotidiano.

Cuando nazca el mejor de nosotros dominará las Coras y las manejará con maestría. Pensó, pero no lo escribió, pues ya era bastante complicado extender el Eclesiastés, para introducir la sospecha de la existencia de las Coras.

Su pueblo, tan antiguo, casi recién hacía como que se civilizaba con la cultura griega. En fin, había que aparentar cordura y lógica. No era tan difícil.

El pensamiento griego estaba radiante de poder y absolutismo, aunque esos daimon que aparecían a veces en boca de los rapsodas tenían mucho que ver con las Coras. Probablemente.

martes, 17 de abril de 2012

MAIMÓN

En las tardes de verano del norte de Almería se agradece un nubarrón como este; se añora en los impasibles cielos azules que se repiten cada día, cada hora, como si fueran el mismo. A quién van a engañar. No hace mucho, ahí, delante del cobertizo, se levantaba una noguera verde y frondosa que en mi infancia consideraba eterna. Al pie de la noguera -tampoco está- un banco de madera, de sólidas patas clavadas en el suelo, soportaba mazazos picando esparto, cuchilladas cortando alfalfa, pollos y conejos, calderos de agua en el breve descanso desde el pilar de abajo hasta el cortijo, pedradas partiendo nueces, platos de chumbos -el dulce refresco precocacola-, y unas misteriosas casitas para pájaros en las que nunca vi a ninguno.
Ese camino de grava tiene trazas de urgencia, como todo lo que imponen los coches, exigentes, dejándonos sin tiempo con la excusa de ganarlo.

lunes, 16 de abril de 2012

FELI


A LOS CINCO AÑOS


Feli estaba sentada en su cocina cuando escuchó una escandalera de fuertes gritos. Era Blasa, vecina de sus padres cuando vivieron en el campo. Muchos sábados les traía pollos o conejos y hoy andaba saludando a su madre con gran estrépito.

- Aaay, Pura, ¿quién está aquíiii? ¡pero si es la nenaaa! ¡oooy, pero qué grande estáaa! Nenica ¿qué estás haciendooo?

Esperando a que te vayas, pensó y no dijo Feli, que con sus poquísimos años percibía el contraste entre su propia cordura y la demencia ambiental de los sábados por la mañana.

-¡Mira, mira lo que te traigo! ¿eeeh? ¡un pollico! ¡mira qué bonico es!
-¡Nena! ¡coge lo que te da la Blasa, anda, cógelo!

Le pusieron el pollo entre las manos. Sintió la suavidad del plumón amarillo, el dislocado latido nervioso, la fragilidad de una vida tan llevada y traída como lo sería la suya si no se daba prisa en poner las cosas en su sitio.

La Blasa le sujetaba las manos que contenían el pollo. Feli no la miró para evitar su clamorosa conversación. En vano, pues la Blasa, mientras le soltaba las manos, seguía pregonando el calor que hacía y cuánto costaba todo y a quiénes se había encontrado en el mercado, entreverando preguntas que no esperaban respuestas.

Feli apretó los ojos, apretó la boca y apretó las manos. Entonces miró. Vio la pequeña muerte inminente. Y siguió apretando.




domingo, 15 de abril de 2012

TEJADOS

Era febrero de este año, como podía ser de hace doscientos. El sol eterno -comparado con sus espectadores- resalta los blancos de cal y las oscuras geometrías de las tejas. Un arquitecto moderno podría encontrar aquí, en estos tejadillos de la iglesia de Priego, líneas que lo liberen de la frialdad economicista de su tiempo.
Yo canto para luego tu valor y tu gracia.
Los anónimos albañiles no se arredraron de levantar ángulos, doblar esquinas, multiplicar los planos y estirar en barrocos volúmenes todo lo que se pudiera de su -imagino- mediano presupuesto. El sol de Córdoba, encantado con este arisco tobogán, haría el resto.
Hay Coras viviendo ahí. Fijaos.

sábado, 14 de abril de 2012

LAS CORAS 2


Se podría pensar que las Coras encontrarían su lugar idóneo en los libros de poesía, pero nada más lejos. Lo que les gusta es la vida de la gente en su fluctuar efímero.

-Nuestras vidas son los ríos.
-Y tenemos el estúpido empeño de convertirlas en lagos.
-Para que no fluyan y nos dejen tranquilos.
-Y se pudran.


Supongo que hay Coras en el otro mundo, esperando a los muertos para sorprenderlos con la novedad de que siguen existiendo, aunque en otro acontecer del que no han tenido información. Seguro que Heráclito no se sorprendió al encontrarse con ellas. Ni el Qohelet.

A veces las entiende alguien que está distraído queriendo estarlo. Esa forma de estar es muy difícil porque no se puede producir voluntariamente, con frecuencia ni siquiera se reconoce cuando sucede.

Es una gran bendición darse cuenta en el transcurso de la distracción sin acabar de romperla. Pero la consciencia siempre interrumpe y frena y organiza y ordena y ya no es lo mismo. Por eso son dichosos los que recuerdan sus sueños, porque ahí no han podido hacer nada más que asistir a cualquier hermosa, terrible o banal, actuación de las Coras.

   Aquella ficticia madrugada Rocinante se dejaba guiar por las Coras, a las       que su dueño no era muy adicto, pese a lo que pueda parecer. Pero fueron ellas las que invistieron de rey al posadero y dignificaron su rito.

-Los burros las entienden mejor.
-Como Platero.
-Mejor como el del portal de Belén.
-O la burra de Balaam.
-O la pollinica del domingo de Ramos.
-Bíblicos, los burros.
-Mucho más que los caballos.
-Dónde va a parar.

Los animales las ven y las entienden sin el menor problema. No son, como pudiera pensarse, una señal de los hados a sus elegidos, sino más bien algo cercano a la vida instintiva, aunque con mucha movilidad en todos los planos de cuanto existe.

La sabiduría jugaba con la bola del mundo. Sigue haciéndolo.

Hay cosas que no te gusta saber. Entonces vas y las cuentas enseguida, porque si te callas te rondarán mucho tiempo. O te las callas en la esperanza de que se vayan disolviendo en la costumbre de su recuerdo.

Ahí señalizan las Coras para que no te calles. O para que sí te calles, pero no se te pase por alto.

-A lo hecho, pecho.
-Y a lo no hecho, más todavía.


Cuando un recuerdo se hace costumbre pierde su filo. Así miras los cuadros de tu casa todos los días y ya ni los ves ni los notas. Aunque eso de mirar cuadros es una historia siempre incompleta.






viernes, 13 de abril de 2012

Las Coras 1

Las Coras, como su nombre sugiere, tienen algo que ver con los coros, pero a diferencia de ellos no nacen para ser coreadas a viva voz y en público, sino para ser escuchadas en la soledad – nunca silenciosa de todas formas- del alma y de la mente, nadando en el profundo río de la memoria inconsciente, más antigua que la historia, formada por la progresión geométrica de los antepasados, que se podrían contar hasta tiempos bastante remotos, pero ¿para qué, si no sabemos cómo se llaman?


-Coge un vaso y bebe agua.
-Estoy solo y voy a beber del grifo.
-Hipócrita lector, tienes la casa llena de atrezzo.
-Cortesía con las visitas.



En estos tiempos en que la sabiduría oficial se aburre de abandono, las Coras retozan por las neuronas de los miles de millones de habitantes del planeta. Son espantadas como moscas, por las tertulias de la tele, los espejos, las salas de rayos uva, las cocinas y los contratos legales.


No es que sean molestas, no pican, no vocean, no mandan cosas ni esperan nada. Ni siquiera suenan. Sólo se meten donde no les importa, según el juicio de sus pacientes, porque ellos sí exigen, sí ordenan, sí esperan siempre algo y, por supuesto, pican. Para ello han sido entrenados por una multitud innumerable –ésta sí- de maestros visibles e invisibles.

Las Coras se ríen cuando son echadas, pero sólo se van si quieren. Alguna se enfurece, de vez en cuando, por probar lo que son el encono y la saña. Y entonces persiste día y noche, sin tregua en su acoso, agarrada de la persona que la está rechazando, queriendo demostrarle que no va a vivir sin ella hasta que ella no quiera.

La sabiduría oficial no se aburre. Es que está haciendo inventario. Por aquello de la nueva era y tal.

-¿La de Acuario?
-La misma.
-En otros cambios de época estuvo más creativa.
-Porque la gente no estaba tan acomodada.
-Depende donde miremos.
-Los que escriben en general.